Iniciarse en el rol: una experiencia memorable

Iniciarse en el rol: una experiencia memorable

Son muchos los estereotipos y prejuicios que rodean al mundo de los juegos de rol. Por ejemplo que hay que estar disfrazado para jugar a ellos, que solo siguen temáticas fantásticas, o que sus jugadores son gente rara en general. Nada más lejos de la realidad. Pero la única manera de romper con todas estas ideas preconcebidas, totalmente erróneas, es enfrentarse a ellas y decidirse a echar una partida de rol. Eso sí, tened en cuenta que puede resultar muy adictivo.

Recientemente jugué por primera vez una partida de rol y esta fue muy experiencia.

En primer lugar hay que recalcar la importancia de que haya alguien experimentado en el grupo, que ocupará la posición de “maestro de juego” y guiará la historia. En mi caso también conté con la compañía de otros dos jugadores veteranos, además de otras dos personas que, al igual que yo, jugaban primera vez.

A cada jugador le es asociado un personaje con su hoja de presentación. En esta figuran todas las cualidades de la personalidad que se adoptará durante las próximas horas. “Bien coordinado, distraído, fantasioso”, y es inevitable comenzar a meterse en el papel. Después se da información general de la partida y sobre el contexto en el que se encuentran los personajes.

– Sois un grupo de estudiantes de instituto en Japón que por desgracia o por fortuna van a tener que pasar las fiestas navideñas internados en la escuela.

Cada uno presenta a su personaje y comienza el juego. La primera situación es planteada, y surgen dudas sobre cuándo y cómo intervenir. Los cinco minutos iniciales los dediqué a observar cómo actuaban mis compañeros y una vez que me acostumbré a la mecánica, mi personaje comenzó a cobrar vida.

La primera gran crisis

Recordemos que la historia transcurre en Hokkaido, una de las islas que conforman Japón, y durante los últimos días del año. Por lo que hace frío, y no poco. Los personajes se ven obligados a abandonar el edificio en el que están localizadas sus habitaciones y adentrarse en el gélido temporal. Y surge una primera gran duda.

– ¿Podemos morir?

Entonces me percato de la existencia de un apartado en la hoja de mi personaje que dice: “SALUD”. Este está dividido en tres niveles con diferentes escalas: “herido, incapacitado y moribundo”. Y debajo de este, un apartado más dedicado a la cordura; “alterado, trastornado, enloquecido”.

– Sí, podéis morir.

Y en cierto modo, el hecho de saber que tu personaje puede sufrir tanto a nivel físico  como mental, te sumerge más en la historia. Paso a tomar mis decisiones de manera más minuciosa, sabiendo que una mala elección podría tener consecuencias terribles para mi alter ego.

Cooperar para triunfar

Conforme avanza la partida los problemas en el universo de nuestro pequeño grupo de estudiantes comienzan a acumularse, y la única manera de conseguir salir de ellos ilesos es mediante la comunicación y la cooperación. Esa fue otra de las sorpresas que me llevé en la velada. Por motivos desconocidos, concebía los juegos de rol como un pasatiempo en el que el objetivo final debía ser lograr el triunfo de manera individual, como si de una partida de cartas se tratara. Pero me di cuenta de que la verdadera victoria se alcanza construyendo una memorable historia y disfrutando el juego.

De aquella entretenida tarde concluí que los juegos de rol, efectivamente, no son cosa de gente rara. Son un gran ejercicio para estimular la imaginación y conocerse a uno mismo. Y también una gran oportunidad para olvidarse de los problemas y evadirse pasando un buen rato. Así que si alguna vez se os presenta la oportunidad de jugar vuestra primera partida de rol no lo dudéis y atreveos a descubrir un maravilloso mundo.

Ainhoa Bacaicoa

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