Aquelarre se hace mayor y cumple treinta años

Aquelarre se hace mayor y cumple treinta años

Ricard Ibáñez está de celebración. Hace tres décadas se convirtió en el creador del primer juego de rol en español.

Dosis de imaginación sin límite, mucha curiosidad, un puñado de reglas y unos dados son algunos de los ingredientes para disfrutar de una partida de rol. Imprescindibles, por otra parte, jugadores y director del juego. Los primeros son los protagonistas y el segundo, también llamado máster, el maestro de ceremonias. Pero… ¿qué tienen los juegos de rol que tantos adeptos tienen en el mundo?

Orígenes

Era el año 82 cuando Ricard Ibáñez sintió un flechazo en toda regla con el rol. “Me fascinó un juego cuyas bases eran el diálogo y la imaginación”. Y ni siquiera había llegado la explosión de este tipo de entretenimiento a España. No es el único que sintió las flechas de Cupido, a casi doce mil kilómetros de distancia, en Los Ángeles (Chile), David Estay tenía doce años cuando descubrió los juegos de rol. No ha olvidado sus primeras partidas hace más de quince años: “Recuerdo la primera mesa, el casete que ponía el máster con música ambiental en una radio vieja”. El joven chileno tiene claros los imprescindibles para jugar una partida de rol. “Dados, papel, lápiz y comida. Nada más”, confiesa.

Dados, lápiz, papel, imaginación y tiempo son algunos de los ingredientes imprescindibles para disfrutar de una partida de rol.
Los imprescindibles: dados, papel, imaginación y tiempo / Foto: Jv Sanvi.

Jordi Ciudad tiene 36 años y vive en Barcelona. Reconoce que descubrió el rol con trece años: “Las primeras partidas eran un derroche de imaginación donde el tiempo se aceleraba y nos condenaba a continuar otra tarde u otra noche”.

Un poco más adolescente, a los 16, Alex Werden de Córdoba (España) recuerda la libertad y flexibilidad que tenían los juegos del rol. “Tenían potencial frente a los juegos de mesa o los videojuegos de entonces, porque por más que tuvieran profundidad y distintas elecciones y opciones de configuración era muy limitados, siempre tenías un marco”.

Dos niños de pocos años juegan una partida de rol con un juego adecuado a sus edades.
No hay una edad concreta para iniciarse en los juegos de rol / Foto: Js Sanvi.

La Dottora es el nick de una mujer que descubrió el rol a la misma edad que Werden, pero en Ciudad de México. Su llegada a este mundo de emociones fue curioso: “Una mujer me reclutó en un antro, diciéndome que si quería experimentar otra vida”. Naturalmente no pudo rechazar semejante oferta. Para La Dottora el rol, en contra de lo que se pueda pensar, no está frecuentado por mayor porcentaje de hombres . “Mi primer máster era mujer y en mi primera mesa éramos siete chicas. Mis mesas también tuvieron más chicas que chicos. No estoy segura de que exista una diferencia”.

Gestación

Era 1990 cuando nació el primer juego de rol creado y publicado en España de la mano de la editorial Joc Internacional . Ibáñez confiesa que Aquelarre marcó su vida profesional cuando aún coqueteaba con la idea de dedicarse a la narrativa. “Hoy, casi treinta años después, he escrito algunas novelas, pero sobre todo rol”, admite.

Ibáñez tuvo muy clara la inspiración a la hora de lanzarse a la creación de Aquelarre: “Cuando Joc Internacional me propuso hacer el primer juego de rol profesional de España el mercado estaba saturado con el rol medieval fantástico, en la línea de Conan o el Señor de los Anillos. Quise hacer un juego de rol más oscuro y realista. Entonces leí El sortilegio del Bosque de las Brumas, una novela gráfica de Bourgeon que mezclaba la fantasía con elementos realistas, ambientado en la Francia de la Guerra de los Cien años, y supe que ésa era la fórmula que buscaba”.

Aquelarre

David Estay no ha olvidado las sensaciones que le produjo Aquelarre: “Desesperación, incertidumbre, miedo, emoción… Era supervivencia pura en la era del oscurantismo”. Hace referencia a la segunda edición del juego, pero llegó una tercera a sus manos que para él convirtió a Aquelarre en una joya del rol, aunque matiza que “el sistema es bastante complejo y cuesta adaptarse”.

Aquelarre se hace mayor y cumple treinta años.
Portada de Aquelarre.

Jordi Ciudad reconoce que Aquelarre es “un juego complejo y con muchas variantes”. Sensaciones parecidas tuvo Alex Werden: “Me sorprendió el buen trabajo, estupendo, condensando conceptos y facilitando tanta información de un período tan ajeno a nosotros y fuera de mi campo de interés. Nunca me atrajo nada que pudiera parecerse a la espada, a la brujería o a las artes marciales tan presentes en la cultura popular de los 80”.

En Aquelarre, Ibáñez ha cuidado todos los aspectos: “No se puede hacer un juego de rol sin texto, pero las ilustraciones son las que le dan identidad, al menos visual”. Y si no, que se lo digan a Jordi Ciudad que se ha inspirado en una de ellas para escribir su primera novela. Tres décadas e rol

Sanvi, de Zaragoza, lleva 30 años jugando al rol, los mismos que cumple Aquelarre este año. “En aquella época devorábamos todo lo que publicaba Joc Internacional. Y aquel reglamente era muy diferente a lo que jugábamos habitualmente (Dungeons and Dragons, Señor de los Anillos, Star Wars…). La portada mostraba un dibujo crudo con una monja y un macho cabrío, en un estilo muy diferente al épico-fantástico al que estábamos acostumbrados”.

Sanvi rescata una anécdota de aquella época cuando apenas tenías 10 años: “La frase con la que Aquelarre se presentaba, Juego de rol demoníaco medieval, no ayudaba a que mis padres vieran con buenos ojos aquella afición”.

Made in Spain

Los juegos que Ibáñez diseña son “juegos de rol de tinte histórico”, así que ambientación y documentación van de la mano. “En el caso de un mundo de alta fantasía o de Space Opera la ambientación es más difícil que la documentación, ya que tienes que procurar que a nivel social tu ambientación no chirríe y sea lógica”, matiza.

Ricard Ibañez es el creador del juego de rol Aquelarre
Ibáñez con la primera edición de Aquelarre y uno de los suplementos. / Foto: Rol Masters.

Esa ambientación es la que atrajo a Sanvi. “Jugar en un lugar tan reconocible como nuestro propio territorio, en vez de en continentes fantásticos e inventados, hacía especialmente atractivo jugar a Aquelarre. Recorrer villas y castillos que todavía hoy están en pie y que han cambiado menos de lo que muchas veces creemos, compartir escenas con personajes de nuestro pasado…  Siempre me ha atraído la historia y creo que la nuestra es especialmente rica”.

“La historia de España es lo que más me atrajo de Aquelarre”, confirma desde Mexico La Dottora, que supo desde el primer momento que estaba ante un producto español gracias a la presentación del narrador.

Francesc Matas, gerente de la desaparecida editorial Joc Internacional, conocía el trabajo de Ibáñez para la revista Líder (de la misma editorial), donde llevaba varios años publicando módulos y cuyos textos tenían buena acogida entre los lectores. Allí estaba la clave para la publicación de Aquelarre, el primer juego de rol profesional de España.

Otras voces

Los jugadores de rol sabían que era un juego español. “Se anunciaba así en los medios especializados y el reglamento lo dejaba muy claro”, explica Sanvi. “No obstante, existe cierto debate sobre si realmente era el primer juego de rol español”. Según parece en 1990 se publicaron Aquelarre y S.A.M., pero mucho más representativa ha sido la trayectoria del primero y el segundo se caracterizaba por ser un genérico.

Al boom nacional de aquellos años le siguieron las ediciones posteriores de Aquelarre y también el salto internacional. “Stewart Wieck, una grandísima figura del rol internacional y responsable de la editorial Nocturnal Media se interesó por el juego y negoció su publicación en inglés, publicación que se retrasó por su repentino fallecimiento en 2017, con apenas 49 años”, explica su creador. “Ya en los noventa Steve Jackson Games se interesó por la traducción del juego, pero fue rechazado por ser de contenido demasiado adulto para el mercado americano de entonces”.

La maquinaria

Por otra parte, una de las claves del éxito de Aquelarre estaba en su interior. “Utilizaba un motor de juego (el conjunto de reglas) basado en el sistema conocido como BRP (basic role-playing) que era el que utilizaban los juegos publicados por Chaosium Games (La Llamada de Cthulhu o Strombringer). Así que en el aspecto de reglas no tenía nada que envidiar a ningún otro juego. En cuanto a su publicación y maquetación, el manual tenía la misma calidad que cualquier otro de los publicados por Joc Internacional. Y está claro que Ricard Ibáñez, su creador, sabía lo que hacía”, explica Sanvi.

Por otra parte, la mayoría de los jugadores consideran que Aquelarre estuvo al nivel de cualquier otro juego internacional y la voz se vuelve unánime al prestar atención al lanzamiento de las siguientes ediciones.

La salud del rol

Ricard Ibáñez lleva treinta años con la misma cuestión persiguiéndole allá donde vaya respecto a la situación que vive el rol en España. “Con una mala salud de hierro”, no se cansa de responder. “Nunca será un negocio millonario, pero tiene un sector de compradores fiel, que se va renovando con los años. Nunca ha habido antes mayor oferta de rol en castellano, que yo recuerde. Eso supera las más locas expectativas del veinteañero que fui y que quiso traer una afición nueva a este país”.

El mercado latinoamericano también es significativo para el sector del rol. “Se consume y mucho”, confirma Ibáñez. Aunque también reconoce que “supone un problema los costes para llevar los juegos físicamente desde España”. Un nicho de mercado, el del rol, que también cuenta con producción propia: “Está Editorial Rúnica en Argentina, Xiphos Games Studio en Uruguay y el diseñador Danilo Jara en Chile, que ha creado un juego de rol, Syneidesis, y me consta que quiere hacer más”

Cumpleaños

Parece que fue ayer cuando Aquelarre llegaba al mundo y a punto está de cumplir los treinta. Aunque no hay concretada ninguna celebración con la editorial, Ibáñez tiene claro que organizará unas jornadas en su ciudad “como se hizo en el vigésimo quinto aniversario”.

La larga vida de Aquelarre no es símbolo de gran éxito económico para el autor: “El rol -como cualquier otra actividad artística o intelectual- no da en España para comer aunque te dediques a ello en exclusiva”. Sin embargo, humor no le falta para confesar divertido que “aunque no me dé de comer, no quiere decir que no me haya pagado algunas cenas”.

Treinta años de Aquelarre
Elaboración propia.

Si tienen oportunidad y aún no lo han hecho, disfruten de una sesión de rol. Se abrirá ante ustedes un mundo lleno de emociones cuyos únicos límites son la imaginación y las ganas de pasarlo bien.

Cristina Fortea

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